La Moral en el Cuidado del Adulto Mayor

NATALIA RAMOS
NATALIA RAMOS
Los valores son un asunto de todos los días y al trabajar con adultos mayores tenemos la oportunidad de practicar uno de ellos: el autodominio, que se define como la capacidad de mantener bajo control las emociones y los impulsos perjudiciales.

Arturo Hernández

En nuestro trabajo como cuidadores, tenemos la opción de procurar el bienestar del adulto mayor, aplicando el autodominio, o dejarnos llevar por las emociones del momento, sin razonar las consecuencias de nuestras decisiones.

Según la doctora Marián Rojas Estapé, existen pautas sencillas para gestionar de forma correcta las emociones:

1.- Conócete.

Aprende a entender qué te perturba. Cuando alguien tiene bloqueadas sus emociones desde siempre, le será mas difícil profundizar en el origen de ciertos problemas.

2.- Identifica tus emociones.

Pon nombre a lo que sientes. No es lo mismo rabia que rencor. Alegría que emoción. Al hacerlo sé realista, no maximices emociones perjudiciales.

3.- Busca ser asertivo.

Di lo que piensas, sin herir. No silencies todas tus emociones, habla con alguien que te genere confianza.

4.- No tengas miedo a convertirte en tu mejor versión.

Aprende a sacar lo mas valioso de tu interior. El que anula sus emociones acaba siendo una versión empeorada de sí mismo, una versión descafeinada, sin capacidad de ilusionarse por nada.

5.- Pon límites al efecto que los demás ejercen sobre ti.

Aprende a identificar a la gente tóxica que tiene la capacidad de perturbarte en cualquier momento.

Como cuidadores tenemos el compromiso de procurar el bienestar del adulto mayor, en diferentes formas: 

Cuando tratamos desde la compasión a una persona con demencia que tiene trastornos del sueño y en medio de su confusión, no sabe si lo que está viviendo, es real o imaginario.

Cuando desde la paciencia, tratamos a un adulto mayor que está obsesionado con un pensamiento y lo reorientamos, para que realice otra actividad.

Cuando como cuidadores nos interesamos en la historia de vida de la persona y le hacemos preguntas sobre la misma.

Cuando evaluamos el nivel de habilidades y capacidades que aún permanecen en él. 

Cuando observamos el nivel de interés del adulto mayor en diferentes actividades, estudiando su lenguaje corporal, tomando el tiempo que la actividad mantuvo la atención de esa persona.

Cuando le preguntamos que áreas de nuestro trabajo como cuidadores, podemos mejorar.

Cuando procuramos que el adulto mayor lleve a cabo sus rutinas.

Nos comprometemos con el bienestar del adulto mayor, cuando lo ayudamos a comunicarse, poniendo atención a su lenguaje corporal, “interpretando lo que quiere decir”, proporcionándole las palabras correctas si tiene afasia ( pérdida o deterioro de la capacidad para utilizar el lenguaje).

Un anciano indio describió una vez sus conflictos interiores:

Dentro de mi existen dos cachorros. Uno de ellos es cruel y malo, y el otro es bueno y dócil. Los dos están siempre luchando.

Entonces le preguntaron cuál de ellos era el que acabaría ganando.

El sabio indio guardó silencio un instante, y después de haber pensado unos segundos, respondió:

Aquel a quien yo alimente.

Que en todas nuestras actividades como cuidadores tengamos la sabiduría para alimentar a la persona buena, a la persona dócil, en beneficio de la persona cuidada.

Referencia: Rojas Estapé, Marian (2018). Cómo hacer que te pasen cosas buenas, pp. 168-169.

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